ERRAR ES GENIAL

La vida fluye cuando prestamos atención a los patrones vitales que conforman la globalidad de nuestra existencia. Del mismo modo, la música va in crescendo cuando quien la ejecuta sabe distinguir entre las notas cuyo impulso conforma la estructura de una pieza y las que son puramente decorativas. La vida adquiere forma y sentido cuando somos capaces de trascender las barreras de la supervivencia personal y nos convertimos en el conducto único e inimitable que encauza la energía vital. Así es como la música se revela esplendorosa cuando su ejecutor sabe conectar las notas estructurales, como el pájaro que se balancea delicadamente sobre un único punto de apoyo.

 
Hace muchos años aprendí armonía en el conservatorio de Florencia, donde se nos enseñaba a identificar la rúbrica de cada acorde por separado, con lo cual la hoja de estudio analítico parecía la cuadrícula de un plano. Nuestros profesores nunca nos indicaron que existieran conexiones entre un acorde y otro, lo cual nos mantenía al margen de la estructura armónica y del flujo musical. En otras palabras, no conseguíamos obtener una imagen global de la pieza. Cuando esto se logra, se pueden identificar todos los rasgos y la estructura entera, se oye y se percibe un significado distinto, a menudo mucho más intenso que el que se distingue normalmente. Sólo cuando se revela la forma esencial de la música, es posible sentir una verdadera pasión por ella. Un estudiante de posgrado en una clase que imparto en la escuela preparatoria Walnut Hill donde ejerzo de director artístico, entendió la noción con claridad y la expresó así en una hoja blanca. Acababa de escuchar a un compañero tocar el primer movimiento de la suite número 2 en re menor para violonchelo de Bach. En su opinión, la expresión era buena pero tenía poco sentido en lo que se refería a la forma intrínseca de la pieza. La ejecución parecía derramarse sin ton ni son, con una pausa por aquí y un énfasis por allá, carente de una noción clara que realzara la armonía y la línea melódica.

Después de analizar la estructura, la dirección y el carácter de la pieza en clase, el violonchelista ejecutó la obra una vez más con la coherencia y el simple fluir que se habían echado en falta la vez anterior. Ese mismo ejemplo podría llevarse con claridad a cualquier actividad humana –incluida, claro, la empresarial. A veces, los directivos de las organizaciones se concentran mucho en los detalles de los procesos, más que en el proceso en sí. No importa si fallamos una nota o si desafinamos por un momento, siempre y cuando la integridad conceptual de una pieza sea honrada y, sobre todo, ejecutemos la música con pasión y entrega. Cuando es así, incluso los errores nos pueden conducir a nuevos caminos que hagan de la pieza en cuestión algo más que mera música.

 

 

Las Hortensias 2444, of. 504 Providencia, Santiago Chile

Teléfono: +56 940283846

  • w-facebook
  • Twitter Clean
  • w-googleplus

Creado por www.addiseno.com